Reflexiones sobre las propuestas de mejora para la profesión docente

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El Ministerio de Educación ha presentado un documento de propuestas de mejora para la profesión docente, que está en proceso de discusión y análisis a través de los decanos de las Facultades de Educación. Se ha abierto un período de debate y consulta para que los profesionales que ejercemos en estos centros, podamos hacer aportaciones al documento.
Como muchos otros colegas de otros ámbitos y especialidades he revisado el documento, con poco tiempo por delante debido a que el proceso para aportar se cierra en unas horas, centrándome en especial en los aspectos que afectan al ámbito de la educación artística y el papel de las artes, la cultura y la creatividad y pensamiento imaginativo en este proceso. Eso, sí desconfiando por completo de que eso sirva para algo más que para que yo mismo me permita reflexionar sobre el asunto y siendo consciente del escaso recorrido que esto tendrá, dado que mi opinión es solo una insignificante voz entre muchas otras, seguramente más autorizadas, al menos institucionalmente autorizadas.

La primera cuestión que surge es la voluntad de incorporar una prueba de acceso a las carreras o Grados que ejercitan para la profesión docente. Esto parece estar guiado por la buena voluntad de filtrar a ese alumnado que, según los criterios establecidos, no da la talla para estos menesteres. Quizá ese ejercicio de filtrado se debería trasladar al bachillerato, dado que es una enseñanza voluntaria orientada precisamente al acceso a la educación universitaria. La propuesta, presupone que el resto de estudiantes que van a otros estudios universitarios no necesitan demostrar un dominio de "competencia comunicativa y el razonamiento crítico" que incluye "la comprensión de documentos escritos, de la capacidad de sintetizar la información, de la expresión escrita y de la capacidad del estudiante para aplicar el pensamiento científico-técnico y los conocimientos del ámbito social para tomar decisiones con iniciativa." Tampoco parece importar la falta de "competencia lógico-matemática" en otro alumnado no interesado por la docencia "(que evalúa la capacidad de aplicar conocimientos matemáticos para resolver ejercicios y problemas, y la capacidad de analizar los resultados."

Es decir, me parece una mala solución, dado que ya existe una supuesta prueba para ello, la PAU. Creo que sería más sensato repensar el bachillerato y darle una mayor flexibilidad y reformular la PAU en los términos que se plantean y en función del tipo de estudios que se quieran cursar. Es decir, prueba de acceso a profesiones y estudios para todos, esa sería mi opción.

Por otro lado, resulta insultante y vergonzante que en la sociedad visual en la que vivimos, donde la realidad es básicamente construida a través de las imágenes, ni siquiera se planteé incluir en esa supuesta prueba, el valor de los conocimientos que tengan que ver con la imprescindible alfabetización visual, sin entrar en determinadas competencias artísticas y vinculadas al pensamiento sensible, mucho más útiles y necesarias, o al menos al mismo nivel, que algunas de las reseñadas, de cara al ejercicio de la práctica docente.

Me parece más loable el punto centrado en el desarrollo profesional docente y sus carencias actuales y especialmente la idea que subyace, pero a la que le falta concreción, y seguramente partidas presupuestarias, de trabajo colaborativo y en equipo. Casi una utopía dentro de los equipos docentes que queda a merced de iniciativas personales, buena voluntad y afinidades electivas y simpatías personales. Personalmente, me atrae mucho la idea de poder colaborar y trabajar a la vez y en la misma aula con colegas de otras especialidades para producir conocimiento integral y simultáneo, pero esta es una cuestión más metodológica y filosófica que normativa, aunque se necesita una normativa y una reformulación total para poder llevarla a cabo más allá de esa buena voluntad de los docentes que participan en estas acciones, perdiendo dinero.

No es mi intención valorar las 24 propuestas de reforma planteadas, solo hacer una breve reflexión compartida en voz alta. Ya he expresado mis reservas sobre algunas de ellas y las dudas que otras me generan. Por ejemplo en la propuesta 5, me parece especialmente positiva la idea de "fomentar la implicación de profesores de enseñanza no universitaria en el mundo académico universitario, así como el traslado del desarrollo científico elaborado en las facultades de Educación a la enseñanza no universitaria." También estoy de acuerdo en la reformulación de los planes de estudio de las titulaciones universitarias habilitantes para la docencia, donde hay carencias muy graves, especialmente en el ámbito de la interdisciplinariedad y la presencia de formas de conocimiento esenciales cono por ejemplo las artes y las prácticas culturales, superando el discurso unidireccional impuesto por las narrativas capitalistas y el materialismo científico más docto y neodarwinista.

Me sumo sin fisuras a la idea de reformar las prácticas, pero para ello se debe partir de una colaboración estrecha e intensa en las facultades de educación y los centros de enseñanzas de infantil, primaria, secundaria y formación profesional y artística, estableciendo mecanismos permanentes y fluidos de intercambio y colaboración. También me sumo a la idea de insistir y garantizar la formación permanente del profesorado para lo cual la implicación de la universidad debería ser total. Abandonamos a nuestro alumnado una vez finalizado el master y la carrera y las universidades deberían articular esos planes de formación permanente e incluirlos en la propia carga docente POD y obligaciones de los PDI.

También estoy de acuerdo en los puntos que hacen referencia al acceso al ejercicio docente, las famosas oposiciones, que deben ser completamente repensadas de arriba a abajo y que es evidente que no garantizan la calidad de la enseñanza, cuando vemos docentes recién incorporados, que olvidan toda su formación y experiencias innovadoras y ejercen teniendo como modelos a sus profesores de hace treinta años y sus formas, que ejercen más peso en la profesión docente de muchos que todos los años de estudio, lecturas e investigaciones universitarias.

Sí que es necesario revisar las especialidades docentes. Estoy muy a favor de la presencia de especialistas, cosa que algunas especialidades docentes, como la educación artística, todavía no tiene en primaria. Pero eso no implica trabajar aisladamente dentro de nuestro micro mundo. Esa relación debe obligatoriamente implicar una integración de nuestro trabajo con el del resto en un sistema de conocimiento integral y holístico y no parcelado, donde los especialistas trabajan en conjunto para tejer redes y conexiones de conocimiento, no para crear más parcelación.

Por último, respecto a las medidas del desarrollo profesional docente, siempre que no se conviertan en una mera meta burocrática que dictamine el único camino a seguir posible para obtenerlo, será positivo. Es decir, se debe reconocer y premiar la labor docente de los profesionales pero en un marco flexible que no limite y delimite el camino a seguir de forma dogmática, y en ningún caso la solicitud de estos beneficios debe implicar una nueva carga burocrática como pasa por ejemplo con los sexenios de investigación, donde el propio investigador debe perder semanas de trabajo en localizar y justificar el trabajo realizado, cosa que debería estar asumida por personal administrativo dedicado a estas tareas, contratado a tal efecto evidentemente, sin que suponga nuevas cargas de trabajo para el PAS.

En resumen, se valora la buena voluntad de los cambios pero con la lógica desconfianza de un pasado terrible en gestión de política educativa que arrastramos vinculada a intereses partidistas y que de momento hacen que lo veamos con gran escepticismo. Me quedan muchas cosas por comentar pero el tiempo, el espacio y las ganas son limitadas, así como la paciencia del posible lector. Esperaremos sin perder la esperanza.

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