Escultura

Instalaciones, de Josu Larrañaga

El proceso de desarrollo de nuevas formas de arte, que está presente durante toda la segunda mitad del siglo XX, desemboca en el desafío del espacio bidimensional y pictórico iniciado con las experimentaciones de las primeras vanguardias, cubismo, constructivismo y sobre todo dadá, llegando posteriormente a romper con el concepto de escultura tradicional, entendida como objeto tridimensional, con un determinado volumen, masa, etc. En este sentido, la instalación se libera de las ataduras del objeto, de la presencia física de la materia, como causa y origen de la experiencia estética, del arte en definitiva, cuestionando de manera radical y profunda el propio concepto de “aura” atribuido por Walter Benjamin a las obras de arte. El objeto se diluye con respecto a la escultura tradicional en beneficio de la experiencia perceptiva. El espectador, por tanto, no observa la obra, como las viejas esculturas, no permanece pasivo ante el objeto, sino que participa activamente en la experiencia del arte, de hecho, él mismo acaba formando parte de la obra, se convierte también en objeto estético.


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